Sandbox, un espacio de convivencia para la regulación analógica y la innovación digital

La digitalización en el entorno corporativo es un proceso imparable, un fenómeno clave para resistir y avanzar en un mercado global. Una dinámica donde la tecnología, prácticamente omnipresente, representa un elemento diferenciador en la cultura organizativa capaz de transformar, a gran velocidad y con notable impacto, la actividad empresarial, las rutinas profesionales y los hábitos de consumo.

Sin embargo, en ocasiones, los avances tecnológicos topan con muros normativos. La regulación existente no siempre sigue el ritmo marcado por las TIC, mostrando reticencias, cierto desfase o una falta de adecuación. Con este punto de partida, cada día cobra más sentido la idea de promover una rápida adaptación y evolución del marco legal a los nuevos retos digitales emergentes. Una simbiosis inaplazable en este nuevo paradigma poscovid.

Un cambio de mentalidad obligado

La capacidad de adaptarse y reinventarse de una manera ágil y flexible es fundamental para lidiar con una coyuntura socioeconómica tan compleja como la actual. El escenario que hoy conocemos invita, entre otros aspectos, a renovar ciertos planteamientos conservadores y apostar por actitudes críticas, proactivas, capaces de tomar la delantera para anticiparse ante casuísticas que puedan darse en el futuro.

En este sentido, Administración y tejido empresarial tienen un importante desafío por delante: trabajar conjuntamente en el diseño e implementación de herramientas que ayuden a regular de un modo más eficiente las nuevas realidades y los modelos de negocio, cada vez más digitalizados, surgidos del uso masivo de nuevos estándares tecnológicos (blockchain, IA, machine learning, etc.).

Los sandboxes regulatorios (1) nacen, precisamente, con este propósito: contribuir, con la mira puesta en el progreso, a forjar un cambio conceptual, una mentalidad ‘beta’ más propensa al uso de innovaciones digitales. ‘Areneros’ de prueba seguros y confiables en los que testar ideas, proyectos, productos y servicios disruptivos bajo el paraguas de esquemas reglamentarios flexibles y supervisados. Una forma de diluir esa rigidez normativa para dar entrada a nuevas plataformas de vanguardia.

Romper inercias

El sector financiero, una industria especialmente regulada, ha dado el pistoletazo de salida para la normalización de estos laboratorios de prueba, con las empresas fintech abanderando dicha ‘revolución’. No obstante, hasta la fecha, la aplicación de nuevos desarrollos tecnológicos ha tenido lugar al amparo de una reglamentación encorsetada, que ha frenado, en parte, la velocidad y eficacia de determinadas iniciativas. De ahí la necesidad de adoptar soluciones creativas capaces de dar respuesta regulatoria a la innovación.

Ensayo y error, probar y aprender. Una suerte de procedimiento empírico en el que acompasar la legislación existente a la cadencia de las startups más innovadoras, y viceversa, ofreciendo respuestas a cuestiones operativas fruto de ese proceso de transformación digital de la economía.

Un sandbox no supone un salto al vacío sin red de seguridad. Todo lo contrario. Nos encontramos ante espacios temporales controlados de excepción regulatoria. Ecosistemas protegidos donde analizar y madurar, a partir de la experimentación, la aplicación práctica de nuevas soluciones, alinear el ordenamiento normativo con la innovación y minimizar cualquier conato de inseguridad jurídica de cara a su comercialización.

Innovación y regulación están condenadas a entenderse. La clave de esta alianza residirá en la forma de encontrar el equilibrio entre ambos elementos para promover progreso y desarrollo, donde las reglas convivan con el emprendimiento y se garantice, en todo momento y en última instancia, la protección eficaz de los consumidores y el beneficio de la sociedad.

(1) España sigue avanzando hacia la creación de su primer sandbox regulatorio. Siguiendo la estela de otros países, el pasado mes de febrero el Consejo de Ministros aprobó el anteproyecto de ley para la transformación digital del sector financiero, texto que incluye el citado espacio de experimentación supervisado.