Ocho tendencias de gobierno corporativo poscovid

Ocho tendencias de gobierno corporativo para un mundo poscovid

El gobierno corporativo no ha permanecido inmune al impacto causado por el coronavirus. Con profundas implicaciones a nivel sanitario, social, económico y político, la crisis ha tensionado hasta límites insospechados los modelos de gestión empresarial y gobernanza de la inmensa mayoría de organizaciones de todo el mundo, exigiéndoles una revisión de sus prioridades y la inmediata adopción de nuevas fórmulas para sobrevivir en un entorno global desafiante y extremadamente competitivo.

Transcurrido algo más de un año desde el estallido epidemiológico, la aparición de esos cambios sustanciales, que comparten tablero con otras preocupaciones ya presentes (volatilidad geopolítica, problemas de liquidez, una emergencia climática al alza, etc.), obliga al tejido empresarial, en general, y a los consejos de administración, en particular, a redoblar esfuerzos en la búsqueda de alternativas capaces de aplacar la incertidumbre y ofrecer respuesta a los nuevos retos surgidos de la pandemia.

¿Qué se espera de un buen consejo de administración?

En este contexto convulso, los órganos de gobierno juegan un papel crucial para diseñar medidas que salvaguarden la marcha del negocio. Iniciativas que iluminen el camino hacia la ansiada nueva normalidad. En estos momentos, su misión no puede ser más estratégica.

En su cometido actual, las salas de juntas deben tener un profundo conocimiento de la realidad circundante, un aspecto vital para encontrar aquellas soluciones más adecuadas a los retos presentes. Su compromiso, la destreza a la hora de redefinir el propósito de la compañía (frente a consideraciones que solo tengan en cuenta el beneficio), su capacidad para adoptar decisiones consensuadas, aportar valor y, en definitiva, marcar el rumbo para garantizar la sostenibilidad del negocio cobran más importancia que nunca.

Por ello, en pleno proceso de reestructuración, resulta imperativa una revisión inmediata de sus agendas, enfilando todas las necesidades surgidas en materia de estrategia, recursos, control y cumplimiento ético y normativo; y la adopción de enfoques proactivos que les permitan manejarse de una forma solvente en una coyuntura tan extraordinaria.

En su día a día, consejos y consejeros deben “guiar y apoyar a la Dirección en la toma de decisiones relativas a la supervivencia de la organización, asegurando la posición para emerger de la crisis más fuerte y con un liderazgo más resiliente”, señala Deloitte en su informe ‘El papel del Consejo de Administración en la crisis de la Covid-19’.

Abordar con éxito la transformación digital y aprovechar sus oportunidades, desenvolverse en un entorno globalizado, amoldarse a las tendencias demográficas o de salud pública vigentes, combatir el cambio climático o satisfacer las exigencias crecientes por parte de reguladores y grupos de interés son, tan solo, algunos de los mayores retos estratégicos que deberán gestionar con éxito los consejos si quieren asegurar el crecimiento sostenido en el tiempo de las compañías, según se desprende del análisis ‘The future board’ elaborado por la firma de servicios profesionales Mazars y la red de instituciones académicas ABIS.

Grandes desafíos por delante

En el nuevo ecosistema corporativo decretado por la pandemia, consejos de administración y equipos directivos tienen ante sí el ingente desafío de rediseñar sus prioridades y maximizar el valor del modelo de negocio de la compañía a corto, medio y largo plazo.

Con el punto de mira en un conjunto de stakeholders cada vez más amplio y diverso, los órganos de control y gobierno deben actuar sobre todos aquellos criterios financieros y extrafinancieros inherentes a su desempeño, supervisando la implementación de estrategias que sirvan para aprovechar las oportunidades que se puedan presentar. Una baza ganadora para obtener un saldo acreedor en su cuenta de resultados económica, social y medioambiental.

En esta nueva era que se perfila para los consejos de administración, confluyen varias tendencias que marcarán, con mayor o menor intensidad, su transformación y éxito. Así como el futuro de las organizaciones que encabezan.

  • Mayor previsión empresarial. Las compañías de todo el mundo se enfrentan a una crisis cuyas secuelas, lejos de cicatrizar, siguen causando estragos. Por ello, resulta clave la anticipación ante nuevas eventualidades que puedan brotar. Una mejora en la planificación que permita obtener pronósticos más certeros, más ajustados a la realidad; y la puesta en marcha de una respuesta rápida desde el punto de vista organizativo, financiero y operacional ante posibles externalidades negativas.
  • Potenciar la gestión de riesgos. Una pandemia inesperada ha devuelto el protagonismo a la gestión de riesgos en el seno de las organizaciones, con especial atención a los factores no financieros que han hipotecado la viabilidad de muchas organizaciones: el bienestar y la salud de los trabajadores, la ciberseguridad y la brecha digital, o los riesgos medioambientales, reputacionales y de marca, entre otros. En línea con un planteamiento tendente a una mayor previsión, consejos y órganos directivos deberán priorizar la identificación, monitorización y actualización periódica de los mapas de riesgo, desarrollando planes de gestión de crisis y de contingencia para minimizar daños y preservar la continuidad del negocio. Conscientes, además, de que la existencia de amenazas puede suscitar la aparición de nuevas oportunidades.
  • Reforzar la resiliencia. El consejo de administración está llamado a desempeñar un papel decisivo en la formulación de una estructura empresarial capaz de aclimatarse a un escenario incierto, disruptivo. En su mano, la oportunidad para construir organizaciones más sólidas, mejor preparadas para afrontar los cambios, tratando de sacar partido a la adversidad, mirando hacia adelante. Esta actitud cristalizará, entre otras actuaciones, en decisiones que velen por la seguridad del capital humano, la estabilidad financiera, por la puesta en marcha de modelos de trabajo más flexibles, etc.
  • Las personas, en el centro de la estrategia y las operaciones. La gestión del talento seguirá siendo un factor determinante para el éxito -o el fracaso- de la actividad corporativa, trascendiendo incluso la situación actual. Centrarse en los profesionales que integran los equipos, las plantillas, y en la adopción de nuevas formas de entender la actividad (teletrabajo, formación continuada, reskilling y upskilling de capacidades…) ayudarán a estimular la cohesión interna, al refuerzo del sentido de pertenencia. En esencia, a generar valor, todo lo cual representa una gran ventaja competitiva.
  • Mayor compromiso con la diversidad, la equidad y la inclusión. La diversidad en un sentido amplio (igualdad de género real y efectiva, edad, raza, etc.) y la generación de ambientes laborales inclusivos y equitativos seguirán ocupando un lugar muy destacado en la lista de prioridades de los consejos de administración. Un talento diverso y un liderazgo con perspectivas y experiencias heterogéneas constituye un intangible que, sin duda, ayuda a catapultar la visión social de la organización. Un factor diferenciador esencial para consolidar el crecimiento y la rentabilidad de la organización. Una diversidad que, como no puede ser de otro modo, debe extenderse igualmente al gobierno corporativo, ya que mejora su eficacia, la eficiencia y su rendimiento.
  • Composición de la junta directiva. El reto organizativo empieza desde arriba, desde lo más alto. Con el paso de los días, la evolución de las estrategias empresariales junto a las expectativas cambiantes de los distintos grupos de interés, demandan estructuras de gobierno más profesionalizadas, competentes, capaces de hacer frente a los desafíos actuales y emergentes. En este sentido, la capacitación personal y técnica de los consejeros, su implicación y una mayor responsabilidad individual y colectiva, serán elementos determinantes para mirar al mañana con ciertas garantías. Y en este proceso, diversificar los consejos en lo que a cuestión de género se refiere es un objetivo irrenunciable.
  • Los criterios ESG, una prioridad para el desarrollo institucional. La crisis ha supuesto un punto de inflexión respecto a los antiguos modelos de gobernanza. En este contexto, más allá de las obligaciones estrictamente financieras, las empresas gozan de un rol más activo como agentes del cambio social. Y en este quehacer resulta primordial la capacidad para vincular su propuesta de valor y su propósito corporativo al impacto ambiental y social que genera su actividad, adoptando para ello políticas transversales de sostenibilidad y de gestión responsable. Así se desprende, por ejemplo, de los datos contenidos en el informe ‘La visión de los asuntos ESG desde el consejo de administración’ de KPMG. Para el 87% de los consejeros consultados, “la atención a cuestiones ESG ha aumentado como consecuencia de la pandemia. En este sentido, existe consenso alrededor de la idea de que la pandemia incrementará la atención de compañías e inversores a los riesgos ambientales, sociales y de gobierno”.

Los próximos años seguirán marcados por la Covid-19 y sus múltiples impactos. Gran parte de la actividad económica cambiará irremisiblemente, al igual que la práctica totalidad de la sociedad que conocemos. Sin embargo, sobre el terreno de juego, hay un aspecto que permanecerá intacto, inalterado, sea cual sea el escenario: la necesidad por parte de las organizaciones de contar con un buen gobierno corporativo y una buena gobernanza.