Los consejos de administración, claves en la gestión de una crisis

Los consejos de administración, brújula en la gestión de la crisis

Al echar la vista atrás, el ejercicio de 2020 será recordado, sin duda, como el año de la pandemia. El curso catastrófico, el del cambio radical, en el que la irrupción del coronavirus desató un cierre repentino de la economía, el descarrilamiento de la actividad empresarial y una paralización sin precedentes de la vida social.

En este impasse sin precedentes en la economía global, la sacudida inesperada de la Covid-19, con sus acusados efectos sobre las personas y el tejido productivo, no hace sino presagiar nuevas pautas en las relaciones comerciales y una profunda transformación en el seno de la organización corporativa.

La Historia nos enseña que las crisis son cíclicas por naturaleza, van y vienen, causando heridas muy profundas difíciles de cerrar. De ahí que, inevitablemente, broten dudas, serios temores con el foco en el medio y el largo plazo. ¿Es posible que se origine de nuevo una crisis sistémica como las que acontecieron en 1929, 1973 o 2008? ¿se pueden repetir estallidos pandémicos de estas proporciones en los próximos años?

La anticipación, un factor clave

En el primer aniversario del coronavirus, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que la pandemia seguirá formando parte del día a día empresarial durante un tiempo indefinido, condicionando sine die el desarrollo de los negocios, muy susceptibles a externalidades ajenas a su propio desempeño.

Un entorno manifiestamente frágil consigue que ninguna empresa esté libre de verse envuelta en acontecimientos imprevistos o problemáticos; de sufrir episodios críticos, fruto de desequilibrios internos o de circunstancias exógenas, que amenacen su existencia.

Sin ir más lejos, una reciente encuesta sobre continuidad de negocio de la consultora tecnológica Gartner determinó que tan solo un 12% de las organizaciones -de una muestra de 1.500 compañías sondeadas- están preparadas para el impacto de la Covid-19, siendo capaces de instrumentar medidas inmediatas (garantizar la seguridad y el bienestar de los trabajadores, adoptar masivamente el teletrabajo y la conectividad en remoto, etc.) para proseguir con sus operaciones en un ambiente de alta volatilidad.

Así, la más que improbable previsión absoluta de una crisis emergente no es impedimento para anticiparse, para prepararse a conciencia y determinar la forma o manera de plantarle cara, sin esperar a que suenen las señales de alarma para desplegar un plan de continuidad.

La previsión y pertrecharse de un sistema de gestión de crisis eficaz para la empresa y los empleados constituyen el mejor antídoto para superar este tipo de eventualidades. Un protocolo de contingencia, de acción rápida y coordinada para, en el mejor de los escenarios, evitar las secuelas negativas o, al menos, limitar al máximo un posible hundimiento corporativo. No hacerlo sería anacrónico, restringiendo seriamente las probabilidades de sobrevivir en la era poscovid.

La experiencia de los últimos meses demuestra que, en momentos de dificultad, las compañías más previsoras, aquellas que han anticipado los riesgos, previsto sus consecuencias y puesto en marcha un procedimiento de actuación para limitar el daño, salen fortalecidas. Esperar a que sucedan los acontecimientos y obrar en consecuencia no parece una alternativa viable, y menos en el momento actual.

Faro en la tormenta

Una economía globalizada e interdependiente, la profusión de tensiones a escala mundial, la gran competencia existente en los mercados o una exigencia creciente por parte de grupos de interés y sociedad en general son algunos de los elementos que pautan la agenda de los consejos de administración de un tiempo a esta parte.

Un tablero económico y geopolítico que se ha vuelto más inestable con el zarpazo de la Covid-19 y la consolidación de fenómenos como la imparable digitalización, el fomento de la sostenibilidad y los criterios ESG o la lucha contra el calentamiento global, entre otras grandes megatendencias.

En esta espiral disruptiva, una suerte de tormenta perfecta que constituye un auténtico punto de inflexión con el ayer, se antoja primordial la labor de los órganos de gobierno corporativo y de los equipos de gerencia, para los cuales se demanda un pensamiento más crítico, ágil y flexible, acorde con los nuevos tiempos. Una (re)orientación estratégica para defender los intereses de los stakeholders y pilotar con pulso firme la marcha de la organización, siempre con el objetivo de salir reforzados, crecer y garantizar la viabilidad del negocio.

Ahora, en un momento decisivo en el que el tejido empresarial comienza a dirigir su atención -y esperanzas- hacia la ansiada reactivación económica, no exento de nuevas amenazas y oportunidades, la gestión por parte de estas instancias, marcada todavía por la emergencia sanitaria, se convierte en un verdadero desafío excepcionalmente complejo.

Un duelo que, sumado a otros grandes retos que continúan perfilándose en el horizonte (compromiso total con las personas, apuesta por un talento humano diverso e inclusivo, jugar la baza decisiva de la innovación…), requiere un liderazgo resiliente y transformacional sustentado en unas juntas más predictivas, preventivas y proactivas, capaces de resguardar la confianza, acotar la inseguridad y minimizar los riesgos. Un ingrediente esencial para mantener la organización a flote, recuperar su actividad de un modo gradual y generar valor para todas las partes.

Para Russell Reynolds Associates, firma de consultoría especializada en la búsqueda, evaluación y asesoramiento de altos directivos, “la forma en que las empresas abordan las crisis ha cambiado con el tiempo, al igual que el papel de la junta”, que debe ser capaz de “saber navegar por la incertidumbre y adaptarse a los nuevos desafíos”. En estas circunstancias tan difíciles, “con la viabilidad de la organización potencialmente en juego, el consejo no puede ser un espectador”, remarca Deloitte.

En su misión de diseñar el desarrollo conceptual y organizativo de la compañía, de inspirar la estrategia y asumir su gobernanza, los consejos de administración desempeñan una labor capital en la gestión de riesgos y conflictos. Un protagonismo al alza en la definición de protocolos, en la actualización de un marco preventivo alineado con el propósito de la organización, para administrar los cambios -algunos de gran calado institucional- con los que afrontar los golpes y capear el temporal, guiando a la organización y tomando las mejores decisiones posibles.

Una pandemia que sigue mostrando su peor cara ha transformado de raíz el mundo que conocíamos. Si bien es difícil estar preparado al 100% para combatir una crisis de esta magnitud, lo cierto es que parte del éxito para superar impactos futuros descansa en el hecho de haber aprendido de los errores pasados; en coger la delantera a los riesgos y encarar precavidos las amenazas que nos depara un mañana incierto.