Consejos de administración y buen gobierno corporativo

La importancia del consejo de administración y del buen gobierno corporativo

Incluso antes de que la abrupta irrupción de la pandemia atenazara con fuerza al entramado corporativo mundial, las empresas de todo el planeta estaban sometidas a una fuerte presión para mantener su productividad, preservar sus ventajas competitivas y conservar su reputación e imagen de marca.

Ahora, la ‘nueva normalidad’ que decreta la Covid-19, junto a una serie de retos consustanciales a la propia misión y evolución de los negocios (la constante creación de valor para el conjunto de stakeholders y la sociedad en general, la propia eficiencia y eficacia empresarial, la transformación digital o el viraje sin marcha atrás hacia criterios ESG) ponen de manifiesto, más que nunca, la necesidad de contar con un buen gobierno corporativo capaz de abrazar toda la organización y dar rápida respuesta a los desafíos emergentes (crisis socioeconómica, innovación, ciberseguridad…), presentes y futuros.

En un nuevo escenario sobrevenido, los consejos de administración tienen ante sí la inmensa responsabilidad de liderar con brío esta adaptación. De dar un paso al frente y supervisar, con renovada energía, la estrategia; de monitorizar la toma de decisiones y controlar la gestión de riesgos en el seno de cualquier corporación, haciendo gala, si cabe, de un protagonismo más dinámico.

El papel clave del consejo

El contexto económico y geopolítico actual se caracteriza por una extrema complejidad. En un terreno de juego tan competitivo, cortoplacista y expuesto a vaivenes coyunturales, se antoja clave contar con un órgano de gobierno profesional dentro de la empresa dotado de una perspectiva global que transmita confianza y seguridad.

Bajo esta premisa, el consejo de administración debe seguir asumiendo, como hasta la fecha, las decisiones ejecutivas más importantes para el correcto funcionamiento de la sociedad que representa, adoptando, al mismo tiempo, un rol de intermediario entre los accionistas y los equipos directivos, responsables a su vez de poner en marcha la estrategia, gestionar el día a día de la empresa y rendir cuentas al consejo.

Entre sus principales funciones, el consejo de administración, que no es patrimonio exclusivo de las grandes corporaciones, aprobará la estrategia de la compañía -en muchos casos, reinventada para amoldarse a la nueva realidad-. Monitorizará su cumplimiento normativo (compliance), velando por una gestión impecable para responder eficazmente a los intereses de todas las partes. Por ello, dada su naturaleza, ha de constituir un elemento capital para garantizar el buen management y asegurar la sostenibilidad y perdurabilidad de la compañía en el tiempo. De no hacerlo, su suerte podría ser muy diferente.

Con independencia de la estructura que adopte y el número de miembros que lo integren, su objetivo principal pasa, pues, por pautar las líneas de actuación de la organización y cuidar de los intereses comunes. Por tanto, sus componentes, todos y cada uno de los perfiles gestores, han de aceptar y cumplir con diligencia las responsabilidades implícitas que conlleva la gobernanza, adoptando, en tiempos de incertidumbre, un rol todavía más participativo y comprometido.

La unión hace la fuerza

Ningún barco se comanda solo. La existencia de un consejo de administración como órgano rector encargado de la gestión, coordinación y la representación, demanda la intervención, necesaria y coordinada, de un patrón y una tripulación de garantías. De una serie de asesores especializados, altamente cualificados, que den lugar a la mejor composición posible y aporten la profesionalidad que precisa una empresa -y su junta directiva- para su correcto desempeño.

A la cabeza, las figuras del presidente del consejo y/o consejero delegado están revestidas de un papel ejecutivo y directivo vital. En este sentido, dotado de plenos poderes para hacer que se cumplan las decisiones adoptadas por el consejo, sobre el CEO se delega la práctica totalidad de las atribuciones, siendo el encargado de trazar las estrategias a seguir (posteriormente llevadas a la práctica por el equipo directivo).

Con el paso del tiempo, y en función de su grado de vinculación, tal y como dispone la CNMV, los distintos consejeros (dominicales e independientes) han adquirido un protagonismo creciente en el ámbito de sus responsabilidades. Tal es así que, paulatinamente, se observa un mayor grado de profesionalización, desterrando cierta pasividad -muchas veces asociada a un concepto distorsionado de estas figuras- para transformarse en una palanca activa y crucial en la toma de decisiones en el seno de la compañía, equilibradas, proporcionales y en línea con el interés social.

Por último, pero no menos importante, el secretario se ha convertido en una pieza imprescindible dentro de este entramado, pues entre sus principales funciones se encuentra el velar por el correcto cumplimiento de la normativa y de los procedimientos que rigen el funcionamiento interno del consejo.

Como en casi todos los ámbitos de la vida, unidos somos más fuertes. Una máxima perfectamente aplicable a los consejos de administración. Los conocimientos, las habilidades, el talento y la experiencia de los distintos miembros que lo componen darán lugar a juntas directivas más capaces y resilientes. Sobre el terreno, su cercanía e identificación con la propia empresa; la coordinación y el trabajo conjunto de todos sus integrantes para forjar códigos de buen gobierno, éticos y socialmente responsables, generará, con el tiempo, un verdadero valor diferencial. Asimismo, la corresponsabilidad y la cogobernanza serán aspectos esenciales para reportar pingües beneficios a la compañía y a los distintos grupos de interés (fidelización y atracción de inversores, generación de mayor confianza, reducción de conflictos entre las partes, etc.).

Esta labor sincronizada en el consejo contribuirá, de un modo decisivo, a incrementar las posibilidades de éxito de la compañía en el mercado. A minimizar posibles errores de gestión en cualquier escenario que se pueda presentar y a ofrecer, en definitiva, una respuesta contundente a los envites de la actividad empresarial en esta nueva era.