Internacionalización empresarial

Internacionalización empresarial, un motor de crecimiento para superar la crisis

Un año después de que la Organización Mundial de la Salud decretara la pandemia de Covid-19, la crisis ha desembocado en una emergencia sanitaria global de proporciones históricas, avocando al mismo tiempo a una depresión económico-financiera que ha afectado profundamente a la actividad empresarial global, dando paso a una nueva era.

El estallido de una situación impredecible y excepcionalmente atípica ha torpedeado la línea de flotación de la economía española. El bloqueo manufacturero, el aislamiento y consiguiente cierre de fronteras, una hemiplejia exportadora y el frenazo de la demanda interna son algunos de los efectos funestos de este seísmo.

Un cóctel explosivo aliñado, además, con otros fenómenos previos a la implosión del shock sistémico. Las crecientes tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, el auge de medidas proteccionistas y una cierta regionalización del comercio internacional, junto a la derivada del Brexit o el desafío del cambio climático son algunos de los ingredientes que, combinados, minan todavía más un tablero geopolítico y económico sembrado de incertidumbre y volatilidad.

Sin embargo, a pesar de toda esta complejidad manifiesta, asomarse a los mercados exteriores y apostar por la internacionalización puede suponer, al igual que en la crisis financiera de 2008, el mejor asidero para la empresa española. Una alternativa para superar la atonía, subsistir y contribuir a la reactivación de una economía en horas bajas.

Un punto de partida complicado

El impacto de la pandemia se ha dejado sentir con gran intensidad en el conjunto de la actividad económica nacional. Sus efectos directos, indirectos e inducidos han desencadenado un desmoronamiento sin precedentes, en especial durante el segundo trimestre de 2020. Una dinámica negativa a la que no han permanecido inmunes las exportaciones, sumidas en una fase de ralentización, en línea con la retracción que han experimentado los flujos mundiales de comercio de mercancías e inversiones transfronterizas.

En días de coronavirus, la hibernación de la economía mundial ha infligido un serio correctivo a nuestras ventas al exterior, rompiendo la inercia positiva de cursos anteriores. El estado de alarma, un confinamiento prolongado, las restricciones y una desescalada que no termina de arrancar, fruto de sucesivas oleadas de contagios, han derivado en una contracción de las exportaciones del 10% (261.176 millones de euros) para el conjunto del ejercicio, retrocediendo así a niveles de 2016. Han bastado doce meses para borrar de un plumazo cuatro años de progresión alcista.

Sin embargo, volviendo la vista atrás, conviene recordar cómo el favorable comportamiento económico de los últimos años guarda una relación muy directa, prácticamente indisoluble, con el aumento sostenido de las exportaciones, con una internacionalización de la empresa española al alza y la contribución positiva del sector exterior en su conjunto al crecimiento del PIB.

Entre 2008 y 2013, los años más aciagos del torbellino financiero desatado por la quiebra de Lehman Brothers y sus consecuencias, el capítulo exterior se erigió en motor de la recuperación. El “milagro exportador español”, calificado así por muchos expertos. Un importante punto de inflexión estructural en la economía patria.

Así, cuando peor pintaban las cosas, la zozobra del mercado doméstico precipitó un salto extramuros, la salida fuera de nuestras fronteras de un gran número de empresas, ávidas de buscar en otros destinos lo que no podían conseguir de puertas adentro. Una apuesta que se tornó un gran logro de cara a sobrevivir, prosperar y consolidarse. Tabla de salvación con la que reforzar su dinamismo y competitividad. ¿Será posible repetir ahora la jugada? ¿Qué papel desempeñará el sector exterior en la recuperación de la economía pospandemia?

Señales de esperanza

Sin ser una receta mágica en el plan estratégico para sobreponerse a una situación tan delicada, lo cierto es que la internacionalización se traduce, generalmente, en una serie de ventajas competitivas, ya que permite, entre otros aspectos, abrir nuevas vías con las que expandirse, diversificar mercados y riesgos, llegar a una mayor base de clientes, incrementar la rentabilidad y potenciar la eficiencia, todo lo cual ayuda a mejorar las perspectivas a corto, medio y largo plazo.

Con el primer trimestre de 2021 a punto de echar el cierre, llegan diversos mensajes en positivo para pensar que la internacionalización empresarial desempeñará, nuevamente, un efecto tractor, que se convertirá, una vez más, en palanca clave para salir del atolladero y evolucionar. Si bien, es cierto que todavía es demasiado pronto para aventurar si lo hará en la misma medida que en la última crisis.

En febrero, la secretaria de Estado de Comercio, Xiana Méndez, enfatizaba que el “año comienza con optimismo al preverse una mejora del contexto internacional por la vacuna, el acuerdo de libre comercio con el Reino Unido y la nueva Administración de Estados Unidos, lo que puede condicionar para bien el sector exterior”. Las previsiones para este ejercicio y el siguiente, señalaba, “son de gran dinamismo en exportaciones de bienes y servicios”.

Otro dato alentador guarda relación directa con el protagonismo de las pymes en la dinámica exportadora de nuestro país. Según los datos del ‘Observatorio MESIAS de Pymes Exportadoras 2019’, de todas las compañías españolas con operaciones comerciales en el exterior, algo más del 72% son pequeñas o medianas empresas. De estas, cerca de un 22% exporta. Una tendencia al alza.

Partiendo de la base de que las organizaciones con menores recursos financieros se han visto perjudicadas en mayor medida por esta coyuntura (un 60% de las pymes han perdido el 25% de su actividad exterior por la crisis, según la consultora especializada en procesos de internacionalización Gedeth Network), lo cierto es que, al mismo tiempo, son los negocios que se muestran más optimistas ante las nuevas oportunidades que, probablemente, se dibujarán fuera de las fronteras nacionales con la progresiva reactivación.

Dos argumentos favorables, a pesar del desplome vivido, para pensar que es posible remontar el vuelo, situando el sector exterior en el centro de una estrategia empresarial dinamizadora y favorecedora del empleo en la ansiada recuperación.

En esta línea, un gran número de pymes ultiman su inminente expansión a otros mercados. Según el informe ‘Digital y global: el futuro de las pequeñas empresas españolas’ del gigante chino del comercio electrónico Alibaba Group, un 39% prevé vender sus productos y servicios fuera de nuestras fronteras por primera vez en 2021. Los principales argumentos barajados para aventurarse a la internacionalización tienen que ver con oportunidades en mercados específicos (57%) y la necesidad de atenuar el impacto y los efectos negativos del coronavirus en su plan de negocio (36%), con Europa como principal destino (44%), seguida de Sudamérica (33%) y Asia -excepto China- (21%).

Para terminar, una última tesis que parece, a fecha de hoy, prácticamente irrefutable para decantarse por la importancia del sector exterior a la hora de sobreponerse a esta etapa crítica. A pesar de los cambios sustanciales que se van sucediendo en este complejo escenario, parece improbable que la epidemia aseste una estocada mortal a la globalización.

Así, un pensamiento estrictamente local por parte del entramado empresarial podría ser insuficiente para asegurarse el futuro, dada la fuerte interconexión de la economía española con el resto del planeta. Sin presencia internacional y actividad en otras plazas se antoja difícil plantar cara a muchos de los competidores, lo cual constituye, de partida, una importante desventaja.

De ahí que contar con una estrategia de internacionalización y lanzarse al exterior sea una opción de peso para tratar de potenciar las bondades de nuestra oferta exportadora (innovación, calidad, imagen de marca…), aprovechar las oportunidades que están por llegar y, en definitiva, contribuir a estimular esta transición hacia una economía más sostenible, responsable y digital.