Directivos digitales

El directivo digital, catalizador de la transformación empresarial en la nueva normalidad

A punto de bajar el telón, el curso de 2020 se recordará, sin duda, como uno de los peores años de la historia. Convulso, duro, triste y muy exigente en los planos personal, social, económico y laboral. El paso de los días ha descrito una realidad inédita y extremadamente compleja, con un gran impacto en el ámbito corporativo.

Desde una perspectiva empresarial, la sombra del coronavirus es muy alargada. La pandemia ha ocasionado profundas cicatrices. Y también ha hecho brotar algunas certezas. Entre ellas, una de las más evidentes, la necesidad de apostar a cara o cruz, todo o nada, por la transformación digital para sobreponerse a la crisis y sacar provecho de las oportunidades que ofrece la nueva economía. O, por el contrario, estancarse y condenarse a desaparecer. Una opción que no parece la más acertada.

En este punto de inflexión, cada vez más compañías se han sumado a una imparable ‘revolución’ con marcado acento tecnológico, dando el salto, reinventándose para rediseñar sus procesos y acoplar sus enfoques, más disruptivos, a las nuevas demandas actuales con base en el mundo online y la digitalización. De este modo, podrán aprovechar al máximo las oportunidades de crecimiento que ofrece este entorno.

Un cambio integral de la cultura organizacional

Los retos ‘tradicionales’ a los que se vienen enfrentando la mayoría de las empresas durante el desarrollo de su actividad están estrechamente vinculados a políticas de costes operativos y estrategias de optimización de sus procesos productivos, entre otros factores.

Ahora, en la era covid, la transformación digital (la completa integración de las nuevas tecnologías en las distintas áreas de una empresa) asoma como un desafío inaplazable que empapa toda la cultura corporativa; que marca el paso y desencadena un cambio de mentalidad integral de grandes dimensiones e importantes implicaciones.

Una misión transformadora con génesis en las áreas de gerencia y dirección, responsables de introducir en primera instancia estos cambios e impulsar el compromiso a la hora de proyectar y apoyar ese proceso de ‘metamorfosis’ en el resto de la organización.

En la hoja de ruta de la innovación, el reto de la digitalización pasa, de manera inexorable, por transformar el talento. Por contar con profesionales capaces de absorber rápidamente los cambios que se suceden en el entorno e incorporarlos a sus rutinas haciendo un uso intensivo de las nuevas tecnologías, de los datos, de los dispositivos interactivos… El argumento en este sentido es concluyente: solo con profesionales competentes desde una perspectiva digital se podrá hablar de empresas preparadas para afrontar el futuro con ciertas garantías.

El protagonismo del directivo tecnológico

La crisis y todas sus derivadas han supuesto nuevas formas de organización interna, de comunicación y de gestión de la información. Nuevos modos de manejar la relación con clientes, accionistas y diferentes grupos de interés; al tiempo que continúa alentando la irrupción de modelos de negocio, más novedosos y alternativos.

En este escenario en evolución permanente, los órganos de gobierno corporativo y los equipos rectores se han visto obligados a actuar con premura, determinación y valentía, adoptando decisiones tremendamente complicadas -en algunos casos- para hacer frente a la coyuntura y garantizar el mantenimiento de la actividad corporativa.

Tareas todas ellas en las que los directivos digitales desempeñan un rol fundamental. Al timón de este proceso de transformación encontramos ejecutivos de perfil tecnológico, profesionales en puestos clave con las competencias y habilidades -en muchos de ellos, presentes de una forma casi nativa- necesarias para ‘comandar’ la transición.

Figuras idóneas para diseñar planes conformes a la nueva realidad y las oportunidades emergentes. Personas innovadoras, creativas, de mente ágil y con dominio de las herramientas especializadas, dispuestas a vencer cualquier conato de resistencia y a derrotar el miedo al cambio que cuestione esa adaptación digital.

Esta visión preclara será especialmente relevante, por ejemplo, a la hora de contribuir a derribar barreras que puedan lastrar el desarrollo de conceptos empresariales más digitalizados, de modelos más aferrados al uso masivo de nuevos estándares tecnológicos (Inteligencia Artificial, Big Data, Cloud Computing, Machine Learning o Blockchain, etc.).

Con la reciente aprobación del sandbox regulatorio (Ley para la Transformación Digital del sector financiero), este perfil tiene a su disposición un excelente banco de pruebas controlado para seguir experimentando, testando sus proyectos vanguardistas con los que brindar, con el tiempo, soluciones más eficaces en esta espiral de transformación de la economía.

En definitiva, referentes para comprender este fenómeno en toda su extensión, para canalizarlo e incorporarlo en el enfoque estratégico de la organización, en su propuesta de valor, siempre alineada con los intereses de los clientes y los resultados. Es el momento, pues, de directivos que piensen en digital, capaces de asociar cambio a oportunidad, no solo para adaptarse, sino para ver la digitalización como un recurso primordial con el que lograr el éxito en esta nueva realidad socioeconómica y empresarial.