Reestructuración empresarial innovación poscovid

Reestructuración e innovación, dos ingredientes esenciales para la reactivación empresarial

No son tiempos fáciles. La crisis ha convertido 2020 en un annus horribilis. Un ejercicio extremadamente agitado, marcado a fuego por la irrupción de una pandemia, inesperada y global, que ha sacudido los cimientos sanitarios y socioeconómicos en todo el mundo, abocándonos a un panorama de incertidumbre y zozobra.

La emergencia ha minado el normal desarrollo económico de España, un país de pymes. Las drásticas restricciones a la actividad empresarial han hipotecado el presente y el futuro de buena parte del tejido corporativo nacional, desplomado ventas, minimizado, paralizado o alterado el signo de las inversiones; y disparado los costes operativos, todo lo cual complica en extremo la viabilidad de las organizaciones.

En este sentido, la Covid-19 ha espoleado una suerte de ‘Darwinismo empresarial’ que estará muy presente en el año que comienza. Si tuviéramos que extrapolar la teoría del naturalista inglés al ámbito de los negocios, concluiríamos que sobrevive aquel que mejor reacciona al cambio, que más rápido se adapta a las condiciones tan exigentes del momento. Un acomodo que, para muchas compañías, con independencia de su tamaño y sector de actividad, pasa por acometer una drástica remodelación organizativa y estructural en esta nueva realidad.

Medidas inmediatas

Las repercusiones de la pandemia se dejarán sentir a corto y largo plazo. No cabe duda. Una circunstancia que, además de obligar a maniobrar con presteza, intensifica los grandes desafíos a los que ya se enfrentaba buena parte de la comunidad empresarial antes de la propagación descontrolada del patógeno.

Equipos directivos, gestores y órganos de gobierno se enfrentan al ingente reto de implementar planes de reestructuración integrales para amoldarse a este contexto cambiante y vencer la crisis. Las organizaciones, por su parte, deben abordar con solvencia los obstáculos financieros característicos de la incertidumbre operativa y del mercado, aspirando a lograr, de un modo equilibrado, una rentabilidad económica y una diferenciación de la competencia que les permita, a todas luces, sobrevivir, prosperar, impulsar el valor empresarial y reforzarse en este envite.

Con semejante punto de partida, una de las opciones siempre presente en esta vorágine sobrevenida de reformulaciones empresariales será la necesidad imperiosa de reducir costes laborales -o al menos congelarlos-. De rebajar desembolsos para mantener la operatividad de un gran número de empresas en este escenario de contracción, equilibrar sus resultados y resguardarse ante posibles eventualidades que puedan brotar.

En especial, del gasto discrecional, accesorio, como parte del proceso de supervivencia y evolución pospandemia. Una táctica necesaria en este reenfoque que, sin embargo, debería tener la menor incidencia posible sobre los costos propios de la fuerza laboral, del capital humano, de las personas y el talento, un activo fundamental para mantener la actividad y progresar.

Asegurar la liquidez se ha convertido en un factor capital para muchos empresarios a la hora de intentar salvar sus negocios en esta envolvente tan precaria. Al menos de un modo inmediato. Un elemento indispensable en este horizonte adverso que, si bien no asegura al 100 % el futuro, sí puede ser de gran utilidad para resistir a corto plazo, encarar y atender las obligaciones corrientes, conservando de este modo su desarrollo.

Una administración de costes que, sin embargo, debería trascender al propio contexto de la crisis. Ir más allá, sentando las bases para, por un lado, minimizar el impacto de esta dinámica negativa; y, por otro, ayudar a identificar posibles oportunidades de ahorro, de rentabilidad de las inversiones y de crecimiento corporativo para que las organizaciones puedan salir fortalecidas.

De esta forma, el cortoplacismo urgente puede hallar su contrapeso en planes de futuro más consistentes, en estrategias un tanto disruptivas y evolucionadas que incluyan diferentes escenarios, que abarquen todos los objetivos empresariales y estén alineadas con la organización en su conjunto. En este sentido, la transformación digital tiene mucho que decir. La inversión en innovación se antoja clave para mirar al futuro y evitar que esta situación tan delicada se enquiste y cronifique.

Innovación, una semilla de oportunidad

Las reglas han cambiado. La manera de entender la forma de trabajar, también. El momento que vivimos obliga a las empresas a vencer la desconfianza, a superar el miedo al cambio, apostando por modelos más vanguardistas, menos tradicionales. En definitiva, a ver el paradigma actual no como un paréntesis previo a la vuelta a la normalidad -nueva o antigua-, sino como una oportunidad para rediseñar el ecosistema empresarial y mejorar su funcionamiento.

En esta coyuntura, la innovación, las nuevas tecnologías y la aceleración de los planes de transformación digital constituyen una absoluta prioridad. Medidas esenciales para reducir el impacto presente y tratar de asegurar su supervivencia en el tiempo.

Una conversión, en muchos casos, apremiante, sin paliativos, que debe integrar, sin excepción, a las personas, los procesos y la propia estrategia corporativa, pilares esenciales sobre los que se levanta una organización. Una digitalización intensiva que se expandirá a sus procedimientos operativos y productivos (más allá de la mera adopción del teletrabajo), a escala organizativa, de personal, a nivel de cultura empresarial…

Si bien la crisis de la Covid-19 está poniendo en apuros -muy serios- a muchas organizaciones, también es cierto que continuará abriendo la puerta a la innovación en todas las esferas y sectores de actividad. Una ventana que permitirá resolver problemas presentes y generar nuevas oportunidades a muchas otras compañías, facilitándoles un crecimiento orgánico y la conservación de sus negocios. Es hora, pues, de seguir labrando esa madurez digital que poco a poco empieza a germinar.

Una digitalización generalizada que, además de suponer un importante cambio estructural, organizacional y cultural en las organizaciones (fruto de la implantación e integración de tecnologías y soluciones eficaces extendidas a todas las áreas que comprende la empresa), allana el camino hacia un modelo de negocio más sostenible y rentable, todo lo cual elevará la eficiencia, incrementará la productividad, aumentará la competitividad y fortalecerá la propia capacidad para resistir posibles shocks venideros.

Directivos digitales

El directivo digital, catalizador de la transformación empresarial en la nueva normalidad

A punto de bajar el telón, el curso de 2020 se recordará, sin duda, como uno de los peores años de la historia. Convulso, duro, triste y muy exigente en los planos personal, social, económico y laboral. El paso de los días ha descrito una realidad inédita y extremadamente compleja, con un gran impacto en el ámbito corporativo.

Desde una perspectiva empresarial, la sombra del coronavirus es muy alargada. La pandemia ha ocasionado profundas cicatrices. Y también ha hecho brotar algunas certezas. Entre ellas, una de las más evidentes, la necesidad de apostar a cara o cruz, todo o nada, por la transformación digital para sobreponerse a la crisis y sacar provecho de las oportunidades que ofrece la nueva economía. O, por el contrario, estancarse y condenarse a desaparecer. Una opción que no parece la más acertada.

En este punto de inflexión, cada vez más compañías se han sumado a una imparable ‘revolución’ con marcado acento tecnológico, dando el salto, reinventándose para rediseñar sus procesos y acoplar sus enfoques, más disruptivos, a las nuevas demandas actuales con base en el mundo online y la digitalización. De este modo, podrán aprovechar al máximo las oportunidades de crecimiento que ofrece este entorno.

Un cambio integral de la cultura organizacional

Los retos ‘tradicionales’ a los que se vienen enfrentando la mayoría de las empresas durante el desarrollo de su actividad están estrechamente vinculados a políticas de costes operativos y estrategias de optimización de sus procesos productivos, entre otros factores.

Ahora, en la era covid, la transformación digital (la completa integración de las nuevas tecnologías en las distintas áreas de una empresa) asoma como un desafío inaplazable que empapa toda la cultura corporativa; que marca el paso y desencadena un cambio de mentalidad integral de grandes dimensiones e importantes implicaciones.

Una misión transformadora con génesis en las áreas de gerencia y dirección, responsables de introducir en primera instancia estos cambios e impulsar el compromiso a la hora de proyectar y apoyar ese proceso de ‘metamorfosis’ en el resto de la organización.

En la hoja de ruta de la innovación, el reto de la digitalización pasa, de manera inexorable, por transformar el talento. Por contar con profesionales capaces de absorber rápidamente los cambios que se suceden en el entorno e incorporarlos a sus rutinas haciendo un uso intensivo de las nuevas tecnologías, de los datos, de los dispositivos interactivos… El argumento en este sentido es concluyente: solo con profesionales competentes desde una perspectiva digital se podrá hablar de empresas preparadas para afrontar el futuro con ciertas garantías.

El protagonismo del directivo tecnológico

La crisis y todas sus derivadas han supuesto nuevas formas de organización interna, de comunicación y de gestión de la información. Nuevos modos de manejar la relación con clientes, accionistas y diferentes grupos de interés; al tiempo que continúa alentando la irrupción de modelos de negocio, más novedosos y alternativos.

En este escenario en evolución permanente, los órganos de gobierno corporativo y los equipos rectores se han visto obligados a actuar con premura, determinación y valentía, adoptando decisiones tremendamente complicadas -en algunos casos- para hacer frente a la coyuntura y garantizar el mantenimiento de la actividad corporativa.

Tareas todas ellas en las que los directivos digitales desempeñan un rol fundamental. Al timón de este proceso de transformación encontramos ejecutivos de perfil tecnológico, profesionales en puestos clave con las competencias y habilidades -en muchos de ellos, presentes de una forma casi nativa- necesarias para ‘comandar’ la transición.

Figuras idóneas para diseñar planes conformes a la nueva realidad y las oportunidades emergentes. Personas innovadoras, creativas, de mente ágil y con dominio de las herramientas especializadas, dispuestas a vencer cualquier conato de resistencia y a derrotar el miedo al cambio que cuestione esa adaptación digital.

Esta visión preclara será especialmente relevante, por ejemplo, a la hora de contribuir a derribar barreras que puedan lastrar el desarrollo de conceptos empresariales más digitalizados, de modelos más aferrados al uso masivo de nuevos estándares tecnológicos (Inteligencia Artificial, Big Data, Cloud Computing, Machine Learning o Blockchain, etc.).

Con la reciente aprobación del sandbox regulatorio (Ley para la Transformación Digital del sector financiero), este perfil tiene a su disposición un excelente banco de pruebas controlado para seguir experimentando, testando sus proyectos vanguardistas con los que brindar, con el tiempo, soluciones más eficaces en esta espiral de transformación de la economía.

En definitiva, referentes para comprender este fenómeno en toda su extensión, para canalizarlo e incorporarlo en el enfoque estratégico de la organización, en su propuesta de valor, siempre alineada con los intereses de los clientes y los resultados. Es el momento, pues, de directivos que piensen en digital, capaces de asociar cambio a oportunidad, no solo para adaptarse, sino para ver la digitalización como un recurso primordial con el que lograr el éxito en esta nueva realidad socioeconómica y empresarial.

La paridad como objetivo irrenunciable en el gobierno corporativo

Con el paso de los años, las empresas españolas continúan sumándose al cambio social, transformando su cultura organizacional convencidas de que la diversidad, la igualdad de género y la inclusión, entre otros factores, son prioridades estratégicas para derribar estereotipos, mejorar las instituciones y anotarse un desempeño más positivo.

La progresiva incorporación de talento femenino a los órganos de gobierno corporativo es una prueba de dicho compromiso. Al cierre de 2019, la representación de mujeres en los consejos de administración de las sociedades cotizadas de nuestro país alcanzó el 23,7%, con un aumento anual de 3,8 puntos (19,9% en 2018). En las firmas del Ibex 35, el número de consejeras llegó al 27,5%, “un porcentaje próximo al objetivo del 30% fijado para 2020 en el Código de buen gobierno de la CNMV”, según el regulador. Por el contrario, su presencia en la alta dirección se estancó en torno al 16%. Luces y sombras.

De cara a “reforzar a largo plazo la diversidad de género en los consejos”, en enero, el supervisor elevó del 30% al 40% su recomendación –que no imposición- sobre la presencia de mujeres en dichas instancias, cuota que se debería obtener en 2021. Tras una nueva revisión, dicha encomienda se encuentra en cuarentena, con un aplazamiento hasta 2022.

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El talento digital se abre paso en los consejos de administración

Todo fluye, nada permanece. Este aforismo del filósofo griego Heráclito parece tener más vigencia que nunca en el mundo de los consejos de administración, órganos en constante evolución. Si los tiempos cambian, las empresas –y su alta dirección- también.

En un contexto tan voluble, marcado inexorablemente por el impacto de la COVID-19, los retos derivados de la implementación de aspectos regulatorios y la irrupción de la tecnología configuran espacios que demandan una rápida adaptación y gobiernos corporativos más profesionalizados y digitalizados.

Cúpulas en las que los perfiles tecnológicos, con capacidad crítica y una perspectiva analítica y estratégica, jueguen un papel determinante a la hora de liderar la transformación del modelo de negocio, de los estamentos directivos y, por extensión, de la propia cultura organizativa.

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Sandbox, un espacio de convivencia para la regulación analógica y la innovación digital

La digitalización en el entorno corporativo es un proceso imparable, un fenómeno clave para resistir y avanzar en un mercado global. Una dinámica donde la tecnología, prácticamente omnipresente, representa un elemento diferenciador en la cultura organizativa capaz de transformar, a gran velocidad y con notable impacto, la actividad empresarial, las rutinas profesionales y los hábitos de consumo.

Sin embargo, en ocasiones, los avances tecnológicos topan con muros normativos. La regulación existente no siempre sigue el ritmo marcado por las TIC, mostrando reticencias, cierto desfase o una falta de adecuación. Con este punto de partida, cada día cobra más sentido la idea de promover una rápida adaptación y evolución del marco legal a los nuevos retos digitales emergentes. Una simbiosis inaplazable en este nuevo paradigma poscovid.

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La transformación digital “reinventa” los consejos de administración - Gobertia

La transformación digital “reinventa” los consejos de administración

La crisis desatada por el coronavirus ha impactado de lleno en el mundo empresarial, imprimiendo una profunda huella. En días de pandemia, adaptación y reinvención están a la orden del día. En este periodo, los consejos de administración no han escapado a esta necesidad imperiosa de acomodarse al nuevo escenario y reformularse para afrontar con garantías los retos presentes y futuros.

En un entorno incierto y exigente como el actual, la expansión de la Covid-19 obliga a los órganos de gestión a cambiar la forma de pensar y actuar, a asumir un mayor protagonismo en el seno de las compañías, apostando por una estrategia tecnológica transversal y plenamente alineada con el plan de negocio.

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Buen gobierno y digitalización en el tercer sector - Gobertia

Buen gobierno y digitalización en el tercer sector

La buena gobernanza, la profesionalización y la aplicación de las nuevas tecnologías, objetivos de las entidades del Tercer sector para enfrentar con éxito los nuevos retos a que se enfrenta.

El llamado Tercer Sector Social cuenta en España con más de treinta mil entidades que trabajan atendiendo las necesidades de las personas más vulnerables, la protección del medio ambiente y el desarrollo de los derechos sociales.

Más de dos millones de personas, entre empleados y voluntarios, trabajan para entidades integradas en el Tercer sector que, como otros, sufrió los efectos de la crisis, al ver su financiación reducida con los recortes de los presupuestos.

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La digitalización del consejo de administración - Gobertia

La digitalización del consejo de administración

La transformación digital que ha experimentado durante los últimos años la sociedad en general, y la empresa en particular, ha sido fulgurante.

Diversos estudios señalan que ninguna tecnología asimilable de los últimos 120 años (incluyendo el teléfono convencional, la radio, la televisión a color o el vídeo) rivaliza en rapidez de difusión y penetración con el uso de teléfonos móviles e internet.

No es el objetivo de este documento señalar las enormes implicaciones que tiene semejante proceso, de formidable potencia y capacidad transformadora.

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Vértigo digital en los consejos - Gobertia

Vértigo digital en los consejos

Con la continua catarata de noticias sobre la llegada de un “apocalipsis tecnológico” que amenaza los modelos de negocio y los mercados de nuestras empresas, se corre el peligro de sufrir una parálisis o una huida mental hacia un inexistente paraíso económico-social que estaría supuestamente aislado de la tecnología digital.

Pero eso es una utopía. El presidente de Telefónica José María Álvarez Pallete lo explicaba con mucha claridad hace unas semanas en los micrófonos de la SER: “la tecnología ya está aquí: en los próximos tres años los avances en el reconocimiento de voz y de imágenes y en los algoritmos que aprenden solos, van a tener un impacto, en todo lo que hacemos, fundamental”.

Tenemos que afrontar el reto de mantenernos informados como consejeros y directivos, aprendiendo a separar la “ciencia ficción” en la que tan a menudo caen muchas noticias condicionadas por la necesidad de los medios de atraer lectores y “clicks” con titulares distorsionados, y logremos distinguir entre toda esa “bruma” la realidad tecnológica que está ya ante nuestras puertas.

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Consideraciones para la elección de un software de gobierno corporativo - Gobertia

Consideraciones para la elección de un software de gobierno corporativo

El funcionamiento seguro de los órganos de gobierno es prioritario para las entidades.

Los responsables de estas son los garantes de implantar las mejores prácticas de gobernanza y de crear un espacio de trabajo confidencial y común a los miembros y gestores de los órganos.

La posibilidad de simplificar y agilizar las tareas asociadas a la participación y la gestión/control de los mismos apoya la creación de valor a la estrategia de la entidad

El software para las reuniones de los Consejos de Administración y Juntas Directivas debe facilitar el acceso seguro a la documentación de las reuniones.

Adicionalmente ayudará a demostrar, en caso necesario, su actuación diligente y alineada con las exigencias regulatorias y los procesos definidos internamente.

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