Transparencia gestión empresarial

La transparencia como palanca clave en la gestión empresarial y los consejos de administración

Integridad, honestidad, respeto, responsabilidad social… En los últimos años, los valores corporativos se han convertido en el santo y seña de la comunidad empresarial, en la mejor carta de presentación de la identidad y la cultura organizacional. Aspectos todos ellos definitorios cuya correcta articulación influye de manera muy positiva en los resultados.

La necesidad de construir reputación es un objetivo consustancial al mundo de los negocios. Esta meta inalienable descansa, en gran medida, sobre la transparencia. Un principio que, junto a la confianza y la credibilidad, conforman una terna de activos fundamentales que las empresas deben labrar y administrar con eficacia para asegurarse una correcta gestión de su actividad, crear valor a largo plazo y alcanzar el éxito.

Un principio institucional de referencia

“Claro, evidente, que se comprende sin duda ni ambigüedad”. Una de las acepciones del término ‘transparente’ según la RAE. Extrapolada al ámbito corporativo, la transparencia se ha convertido en un valor estrechamente ligado a la información relevante, a una información –tanto económica como no financiera- que necesita comunicarse de una manera veraz, sin ocultación, ni manipulación; sin asimetrías ni distorsiones. Documentación que, en su conjunto, permita un análisis del desempeño de la compañía en relación con los aspectos mercantiles, ambientales y sociales más relevantes, así como una toma de decisiones fundada.

Certeza, claridad y un sentido unívoco son elementos concluyentes a la hora de fraguar confianza entre todos los grupos de interés que se relacionan con la organización (empleados, clientes y proveedores, accionistas…), entre todas aquellas partes que posibilitan que una empresa se mantenga operativa y salga adelante. Una interrelación que, como no puede ser de otro modo, debe discurrir en un marco de fiabilidad y veracidad.

Más argumentos a favor de la transparencia en los procesos de gestión empresarial. Una organización que desarrolla este principio de gobernanza, incorporándolo orgánicamente a sus estructuras, fomenta la colaboración, mejora el clima laboral y la satisfacción de los clientes, anotándose beneficios en materia de productividad, eficiencia y excelencia.

De este modo, la transparencia se ha convertido en un indicador básico a la hora de crear y transmitir confianza en la esfera corporativa; en un instrumento esencial para alentar y sostener la credibilidad en un entorno global tan competitivo como el actual, hasta tal punto que hoy en día es prácticamente imposible garantizar la existencia –y el éxito- de una empresa sin transparencia.

Hacia unos consejos más transparentes

Con el paso del tiempo, la comunidad empresarial ha ganado visibilidad mediática y un reconocimiento más amplio por parte de la opinión pública. Al mismo tiempo, sus actuaciones producen un mayor impacto social. Circunstancias todas ellas que obligan a mostrar y explicar sin ambages que sus acciones están totalmente alineadas con su misión, esencia y valores.

En un mercado cambiante, el gobierno corporativo debe evolucionar y adaptarse, haciendo uso de las mejores prácticas que le permitan crecer de una forma controlada y sin desequilibrios significativos en su gestión operativa. Como máximo órgano en el escalafón gerencial, el consejo de administración tiene que estar totalmente comprometido con el principio de transparencia, proyectándolo a todos los niveles dentro de la entidad.

En este sentido, la transparencia y una comunicación fluida deben convertirse en una prioridad dentro de su estrategia organizativa, en un requisito de obligada observancia. A la hora de rendir cuentas, nada mejor que divulgar toda la información relativa a la compañía de una forma diáfana, íntegra y responsable, incluyendo, entre otros inputs, los datos referidos al cumplimiento normativo (compliance), la estructura y el reparto accionarial, la política de remuneraciones, su situación financiera, los resultados y la rentabilidad, el impacto en la sociedad, etc.

Maniobrar y avanzar en esta dirección constituye, sin duda, una buena señal del grado de cumplimiento de buenas prácticas de gobierno corporativo de las organizaciones, pudiéndose traducirse en ventajas significativas a la hora de mejorar su capacidad de acceso a la financiación e incrementar su valor de mercado. En caso contrario, la opacidad y una falta de transparencia pueden comprometer muy seriamente la reputación y el negocio.